Cuando íbamos hacia
el Palau Nacional, había un excremento de perro y la Laia como iba hablando no
se dio cuenta y lo pisó, cuando se lo consiguió limpiar un poco dijo que eso
traía buena suerte: se suponía.
Cuando acabamos, y ya nos íbamos a casa descubrimos que lo
que la Laia había dicho no era cierto, ya que nos equivomos de línea de metro. La confusión fue tanta que incluso tuvimos que a la madre de Marina para solucionar el conflicto. Pero al menos nos reímos con ganas y aprendimos que la
próxima vez nos fijaremos mejor que línea de metro cogemos.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada